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16
Jun
09

Intermón Oxfam pide a la comunidad internacional que asuma las responsabilidades de la Convención del Refugiado y proteja a 40 millones de personas

La organización destaca la vulnerable situación de las mujeres sudanesas refugiadas en Chad, donde son víctimas de la violencia de los diferentes grupos armados

Cerca de 40 millones de personas permanecen olvidadas por la comunidad internacional y los medios de comunicación. Son los refugiados y desplazados internos que han debido huir de sus hogares por amenazas como guerras, conflictos internos, persecuciones políticas o grandes hambrunas, denuncia Intermón Oxfam con motivo de la celebración del Día Mundial del Refugiado, el próximo 20 de junio.

“Estas personas se han visto obligadas a dejar atrás sus hogares y sus países. Se encuentran en una situación muy vulnerable ante el hambre, la guerra y la violencia. Especialmente las mujeres, que están mucho más expuestas a ser atacadas física y sexualmente. Los menores pierden a sus padres, y las personas mayores, al igual que las discapacitadas, suelen quedarse atrás en la huida y expuestos a los combates”, asegura la directora general de la organización, Ariane Arpa.

Intermón Oxfam pide a los gobiernos internacionales que hagan de la protección de los civiles una prioridad clara, más cuando se trata de una guerra. “La Convención del Refugiado es una herramienta indispensable para asegurar esa protección. Actualmente los refugiados siguen desprotegidos porque la comunidad internacional no está asumiendo todas las responsabilidades que conlleva ese tratado”, continúa Arpa.

“La guerra contra el terror, iniciada por EE UU tras los ataques del 11-S, ha sido la causa que más refugiados ha provocado en los últimos años. En 2007, el 47% de los refugiados procedían de los dos países que constituyen los principales frentes de esta contienda: Iraq y Afganistán”, señala el portavoz de la organización Francisco Yermo.

Los conflictos internos y guerras civiles son la otra gran causa. Según las últimas estadísticas de Naciones Unidas, en el mundo hay 26 millones de refugiados y cerca de 11 de desplazados internos. Estos últimos son consecuencia en su gran mayoría de las guerras internas de países como República Democrática del Congo, Colombia, Somalia y el conflicto que afecta a Chad y Sudán.

La inseguridad de las mujeres en los campos de Chad

Alrededor de 250.000 civiles se encuentran en los 12 campos de refugiados situados a lo largo de la frontera entre Chad y Sudán. Una zona sin ley, donde la seguridad va en incremento y en la que el 65% de las familias está a cargo de una mujer. La mayoría de los hombres adultos han muerto, se han unido a un grupo armado o han sido secuestrados por éstos.

Ante esta situación, la mujer se convierte en la pieza angular de la familia. Ellas son las que deben hacer cola para recibir alimentos, recoger agua y leña, moler grano, cuidar a sus hijos y participar en las actividades económicas. Pero tareas tan cotidianas como el ir a buscar leña se ha convertido en una de  las principales amenazas para ellas. Es muy probable que durante estos trayectos sean atacadas y violadas por algún grupo armado. Esta limitación para moverse libremente priva a las mujeres de acceder a los recursos y, por tanto, a un medio de vida clave para su supervivencia.

“Mi hija Fatma, de 9 años, fue un día a buscar leña con un grupo de mujeres y niñas, muchas, más de una veintena. Al rato llegaron algunas corriendo, gritando y llorando. Se habían encontrado con unos hombres armados. Éstos las persiguieron y quisieron capturarlas. Fatma no estaba entre las mujeres que llegaron. Salimos a buscarla y al rato la encontramos junto a otras niñas. Estaban como muertas, con sangre por abajo”, narra una de las refugiadas sudanesas en Chad.

El Derecho Internacional Humanitario, “papel mojado”

La Convención del Refugiado de 1951 y los Convenios de Ginebra forman el núcleo del Derecho Internacional Humanitario, encargado de la protección de la población civil en un conflicto armado. “No obstante, estos tratados son papel mojado en muchas partes del mundo, tanto por las partes en conflictos como por la Comunidad Internacional que no hace suficiente para que se respete, de una manera ecuánime”, asegura el portavoz de Intermón Oxfam.

En este sentido, la organización pide que:

  • Los Gobiernos hagan de la protección de los civiles la prioridad absoluta en la   respuesta a los conflictos en cualquier lugar del mundo.
  • Los Gobiernos y partes en un conflicto adopten una tolerancia cero ante los crímenes de guerra aplicando el mismo estándar de rechazo internacional a los crímenes de guerra cometidos tanto por aliados como por enemigos.
  • Los países ricos no sigan poniendo cortapisas a la aplicación de la Convención de los Refugiados, ni restringiendo el asilo a la población que huye de los conflictos.

“Los gobiernos deben hacer todo lo posible para proteger a los civiles, detener las peores atrocidades que ocurren en el mundo, y prevenir los conflictos de los que derivan. Esto requiere mucho más que reaccionar a los acontecimientos mediante la acción militar: Es necesario, entre otros, impulsar las iniciativas diplomáticas que apuntan a la resolución de conflictos, e incrementar los niveles de ayuda humanitaria”, afirma la directora general de Intermón Oxfam, Ariane Arpa.

Intermón Oxfam trabaja en el este de Chad desde 2004 donde ofrece asistencia a 35.000 refugiados, a 44.000 desplazados y a la población autóctona de acogida, unas 16.000 personas. La organización lleva a cabo proyectos de agua saneamiento, higiene y seguridad alimentaria. Además, Intermón Oxfam actúa para que los gobiernos cumplan con los compromisos que han adquirido de proteger a sus poblaciones.

Recursos:

Página del día mundial del refugiado

Galería Fotográfica

Testimonios938scr_a9eeefe97aa0137 Intermón Oxfam


25
Feb
09

Todo el mundo quiere volver a la tierra que le vio nacer

Fuente: Elperiodico.com /Jose García Barahona

He pasado varios días hablando con grupos de mujeres en los campos de refugiados de Darfur. Como viven allí desde hace años, los campos tienen apariencia de pueblos. Han recuperado sus estructuras locales, y con la ayuda de las oenegés y Naciones Unidas han conseguido que haya agua (de eso nos encargamos en Intermón Oxfam), distribución de alimentos, puestos de salud y escuelas. Aparentemente son pueblos normales, a excepción de la aglomeración de personas. Pero esta apariencia desaparece cuando, bajo la sombra de uno de los escasos árboles que hay en la zona, te sientas a charlar con la gente que vive ahí.

Una mujer de Darfur me cuenta: “Nos empezaron a robar el ganado. Venían hombres armados, montados a caballo o en camello y nos robaban nuestros animales, no podíamos hacer nada. Luego volvieron durante la época de la cosecha y se llevaban lo que habíamos recogido. Un día aparecieron varios hombres armados en coches y camellos, empezaron a disparar y a quemar las casas. Me escondí junto a mi familia en casa, pero de repente empezó a arder. Salimos todos corriendo y nos encontrarnos con que fuera había disparos; mataron a mi padre y a dos de mis hermanas. Me escondí en los arbustos hasta que llegó la noche”.

Varias de las historias que me cuentan son iguales.  Son un grupo de 18 y todas han perdido a alguien de la familia: el marido, el padre, los hijos o varios a la vez. Todas cuentan cómo de día se escondían y andaban por la noche en dirección a la frontera con Chad. Vienen de distintos pueblos de Darfur, pero todos los que llegaron hasta aquí tardaron unos tres días en hacer el camino. Una mujer me cuenta que lo que peor recuerda, lo que fue más difícil de superar, más aún que el miedo y que el hambre, era la sed. Anduvo tres días por el desierto sin beber agua. Fue lo primero que pidió al llegar a la frontera con Chad.

Todo el mundo llegó aquí hace cinco años. Venían literalmente con lo puesto, sin nada más. Sus animales, sus herramientas de trabajo, su ropa, los cacharros para cocinar, sus esteras…. lo poco que tenían se quedó en Darfur. Ahora, se podría decir que “no les falta de nada” en el campo de refugiados, pero hay algo que no han recuperado: la autoestima, el sentirse útiles y poder producir su propia comida. Recuerdo que hace tiempo, Salil Shety, Director de la campaña de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas me dijo que cuando alguien tiene que recibir alimentos para poder comer él/ella y su familia, su dignidad queda por los suelos.

En uno de los campos que visito, un hombre joven espera que acabe mi reunión con el grupo de mujeres y viene hacia mi. Me habla en un inglés bastante incomprensible, pero sus palabras me llegan airadas: está harto de estar allí, es joven, está sano y tiene fuerza, quiere trabajar, puede y quiere ganarse la comida por él mismo, no quiere depender de distribuciones. Me dice que estando aquí metido no se siente persona.

Lo único que les devolverá su integridad es volver a su tierra. Aquí en Chad son refugiados, pueden quedarse y son atendidos, pero no son ciudadanos chadianos: no pueden alejarse más de cinco kilómetros del campo donde viven, no pueden trabajar y la poca tierra fértil que hay (esto es el Sahel, aquí no sobran las hectáreas cultivables) está en manos de la población local.

Sólo pueden esperar. Esperar que las cosas se arreglen al otro lado de la frontera, aunque las noticias que les llegan a través de los nómadas y los comerciantes que acuden a los mercados de la frontera no son muy esperanzadoras. El conflicto en Darfur continúa.

A pesar de ello y de la pesadilla por la que han tenido que pasar hasta llegar aquí, siempre tienen una sonrisa a punto de boca. En todas las reuniones, después de acabar los relatos, ya en tono más distendido, siempre me preguntan algo o sale alguna chorrada con la que todo el mundo se parte de risa. Las mujeres que veis sonriendo en la foto son uno de esos grupos de refugiadas a las que mataron a sus familias. Llevan cinco años metidas en los campos de refugiados y no hay perspectivas de poder volver en el corto plazo.

Me reúno con un último grupo y les preguntó, un poco provocativamente, por qué quieren volver si en el campo tienen agua, escuela, puesto de salud, distribución de alimentos y de utensilios de cocina (muchas de estas cosas no las tenían en sus pueblos de origen). Un anciano, se levanta, y muy seriamente me contesta: “Sólo un loco no quiere volver a la tierra que le vio nacer”.




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Si tienes algún material para enviarnos o quieres enviarnos tu consulta, lo puedes hacer en: ningunhumanoilegal@gmail.com

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