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23
Nov
09

Brasil, un refugio para la diáspora palestina

Equatuero do od tat. Nonulla consectetum ad del esto commy nulput ver in ullandre

El palestino Mahmud Abbas voló ayer por la noche rumbo a Río Grande del Sur para visitar el estado con la mayor comunidad palestina en Brasil: residen allí 20.000 personas oriundas de esa castigada tierra, sobre un total de 50.000 distribuidos por todo Brasil. Por la noche habrá una cena en honor de esos compatriotas que adoptaron a Brasil como su hogar.

En esa región los árabes palestinos son bastante antiguos y, en general, son tan ricos como judíos y libaneses. Allí emigró la primera camada de Palestina que huían de los vientos de la guerra con Israel o buscaban, desesperadamente, dónde encontrar sustento luego de quedar desarraigados por perder tierras y casas. El empresario Nessim Samara de 57 años, quien preside la Sociedad Árabe Palestina en Santa María es uno de aquellos inmigrantes iniciales. Pero los que vinieron después, en pleno siglo XXI, ya no gozan de buenas condiciones económicas.

Una de las localidades elegidas para vivir es Moggi das Cruzes, a tan sólo 50 kilómetros de la ciudad de San Pablo. Gazi Saheen montó una taberna al llegar a esa localidad serrana. Pero tuvo que cerrarla y hoy está desempleado. El es uno de los 108 palestinos que desembarcaron en 2007 en la capital paulista. Casi todos ellos vienen de los campos de refugiados en Jordania. Hasta ahora, hombres, mujeres y niños de esa colectividad viven gracias a la ayuda del Alto Comisionado de Refugiados de las Naciones Unidas que incluye el pago del alquiler de una vivienda. Pero el último día de este año no será para festejar: marca también el fin del subsidio que les permite sobrevivir con alguna dignidad. A partir de ese momento, tendrán que arreglarse como puedan en un país que todavía no los terminó de asimilar.

Esa última camada de inmigrantes palestinos vivió momentos dramáticos. Muchos partieron para Jordania y son sobrevivientes de la masacre de Sabra y Chatila en el sur del Líbano. La mayoría había conseguido refugio en Irak por la concepción panarabista del ex presidente derribado y muerto Sadam Hussein. Con la ocupación norteamericana de ese país, los palestinos se convirtieron el blanco de la persecución política y emigraron a Europa, Canadá, México, Australia, Chile y Brasil. Uno de esos inmigrantes, Mohamad Tamimi de 68 años, contó a la ONG Refugees United con base en San Pablo, Copenhague y Nueva York: “Huí siete veces de los cinco campos de refugiados en los que estuve” relató. Su vida recién conoció la paz en Brasil: nacido en Ramallah en 1941 a los 7 años tuvo que salir a toda prisa con su familia rumbo a Jordania. Eran los tiempos del primer enfrentamiento árabe-israelí. Volvió a Palestina en 1955 pero nuevamente tuvo que dejarla en 1967 ante la guerra árabe-israelí. Pasó por Siria, Líbano y Jordania, para instalarse en lo que creía su morada definitiva: Bagdad. Pero con la caída del régimen baasista un nuevo destino lo esperaba, esta vez en Sudamérica.

Fuente: Clarin

05
Oct
09

Colombia: Repetidos desplazamientos forzados crean tensión en comunidades afrodescendientes del sur del país

BOGOTÁ, Colombia, 7 de septiembre (ACNUR) – Los repetidos desplazamientos masivos están agotando las capacidades físicas y emocionales de comunidades afrocolombianas en la cuenca del río Tapaje, al sur de Colombia, una de las zonas más duramente golpeadas por el conflicto que vive este país en los últimos años.

Estas comunidades son parte del municipio de El Charco, en el departamento de Nariño, y a finales de agosto iniciaron su cuarto desplazamiento masivo en lo que va de 2009, síntoma de los altos niveles de tensión que se viven desde hace unos años en esta zona, donde en 2007 más de 7 mil personas protagonizaron el segundo mayor desplazamiento en Colombia en toda esta década.

Una misión de ACNUR que visitó El Charco la semana anterior constató las difíciles condiciones en que se encuentran más de 700 personas desplazadas, a pesar de estar recibiendo ayudas de emergencia, fundamentalmente alimentos, por parte del Gobierno colombiano. En el caserío de El Castigo, a una hora en lancha de la población de El Charco y donde se concentra la mayoría de las personas desplazadas, buena parte de ellas dormían sobre tablas de madera cuyo propósito inicial era servir para mesas del comedor de la escuela de esta comunidad.

Sin embargo, la principal preocupación se asocia con la frecuencia de los desplazamientos, que genera alta tensión entre los pobladores. Sólo este año ya se habían registrado desplazamientos masivos en marzo, abril y junio. El último de ellos había concluido escasamente un mes antes de producirse esta nueva movilización de población.

“Hacía solamente un mes que había terminado el otro desplazamiento (el anterior). Cuando regresé a mi casa era un jueves, 20 de agosto. El sábado, apenas a los 3 días, hubo otra balacera y nos tocó correr otra vez” cuenta Julia*, una mujer de un poco más de 30 años desplazada en El Castigo.

La mayoría de las 700 personas registradas en el último desplazamiento en El Charco se encuentran en una zona llamada El Castigo, a un poco más de una hora del casco urbano. © ACNUR/ G.Valdivieso
La mayoría de las 700 personas registradas en el último desplazamiento en El Charco se encuentran en una zona llamada El Castigo, a un poco más de una hora del casco urbano. © ACNUR/ G.Valdivieso

Las comunidades más afectadas por los últimos desplazamientos son las de la zona de Pulvuza, donde frecuentemente se producen escaramuzas entre las fuerzas militares colombianas y un grupo armado irregular. Aunque muchas veces la intensidad de los combates sea baja, el estado de tensión que generan es insoportable para los civiles. Los mismos desplazamientos que se realizan buscando protección también generan tensión.

Jairo, un joven integrante de los consejos comunitarios (autoridades en las comunidades afrocolombianas), tiene menos de 25 años y una hija de sólo 3. “Estoy demasiado frustrado”, dice, con lágrimas que se reflejan en su rostro. “Todo el tiempo hemos buscado ayudar a que las cosas se hagan, a que la gente esté mejor, pero esto es demasiado. Están haciendo mi vida pedacitos. Yo sembraba plátano, sembraba frutos de la zona, pero ya no siembro nada. ¿Para qué sembrar si no voy a poder recoger?”

Para ACNUR, el reto está en apoyar a las autoridades locales y nacionales a mejorar tanto la prevención del desplazamiento como la atención a las víctimas en este contexto de zozobra.

La agencia de la ONU para los refugiados apoyó la elaboración de un plan de contingencia para atender desplazamientos masivos, ha acompañado el fortalecimiento técnico de los consejos comunitarios y está estudiando en cuáles de las muchas necesidades de la zona puede invertir fondos a través de proyectos rápidos de protección, destinados a producir impactos inmediatos sobre necesidades puntuales.

Actualmente viven en El Charco cerca de 100 familias que no retornaron tras el gran desplazamiento de 2007, la mitad de ellas en dos albergues que no reúnen condiciones de habitabilidad.

El río Tapaje, en el occidente del departamento de Nariño. Esta es la zona donde se producen los enfrentamientos. © ACNUR/ G.Valdivieso
El río Tapaje, en el occidente del departamento de Nariño. Esta es la zona donde se producen los enfrentamientos. © ACNUR/ G.Valdivieso

Un equipo de ACNUR, junto con la oficina de identificación del Estado colombiano (Registraduría Nacional), participó precisamente la semana pasada en una campaña para entregar documentos de identidad a las personas desplazadas, que los requieren para acceder a programas de ayuda del Gobierno, y a las comunidades en riesgo de desplazamiento.

“Sin embargo, estamos concientes de que se necesita más”, dice Roberto Mignone, representante encargado de ACNUR en Colombia. “Necesitamos estrategias más amplias de prevención y protección, estrategias que ayuden a que las comunidades se sientan acompañadas. Vamos a seguir trabajando, a pesar de las dificultades, para lograrlo”.

Por Gustavo Valdivieso,
En El Charco, Departamento de Nariño, Colombia

03
Sep
09

Conflicto en Somalia: los campos apenas están acondicionados, la ayuda internacional es inadecuada

Comunicado completo de Oxfam acá

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El fracaso absoluto de toda la comunidad internacional para solucionar la crisis en Somalia y poner fin al conflicto está empujando a la población a una espiral de sufrimiento y éxodo a los países vecinos, ha alertado hoy Oxfam Internacional. Los somalíes que han huido de la violencia en las últimas semanas viven ahora hacinados en campos súperpoblados o mal gestionados en Kenya, Etiopía y en la misma Somalia.

Oxfam Internacional ha alertado de que la falta de saneamiento y el reducido acceso a servicios básicos, como el agua y medicinas, causados por una respuesta deficiente, están creando una crisis de salud pública en los campos que exige medidas urgentes.

“Los hombres y las mujeres somalíes huyen de uno de los conflictos más brutales en la actualidad y de una grave sequía, para acabar viviendo en condiciones infrahumanas en los campos. Hay cientos de miles de niños afectados. El mundo está abandonando a la próxima generación de somalíes cuando estos más lo necesitan. ¿Por qué parece que uno importa menos al mundo si viene de Somalia?”, dijo Robbert Van den Berg, Portavoz de Oxfam Internacional en el Cuerno de Africa.

Somalia ha asistido en los últimos meses a un recrudecimiento del conflicto, además de estar sufriendo la peor sequía de la década. El fracaso de la comunidad internacional en dar respuesta a las necesidades en los campos sobrepoblados y sin condiciones sanitarias es vergonzoso por el nivel de sufrimiento y la necesidad por la que está pasando la población somalí.

En el norte de Kenya, cada mes llegan a los campos de Daadab 8.000 personas. En total los campos albergan actualmente a 280.000 personas, a pesar de que han sido construidos para un tercio de esa capacidad. La súperpoblación lleva a que las familias no tengan acceso regular al agua potable y a las letrinas. En algunas de las áreas con mayor densidad de población, más de 20 familias comparten la misma letrina.

“El gobierno keniata ha prometido repetidas veces más terreno para mejorar las condiciones de hacinamiento en los campos pero todavía no ha cumplido, a pesar de la gravedad y de la urgencia de las necesidades.”, dijo Van den Berg.

En Etiopía, en el campo de Bokolmayo, se han refugiado 10.000 personas y cada mes llegan casi 1.000 más, a pesar de que la infraestructura y los servicios prestados son insuficientes para acoger a más gente. Además, la respuesta actual registra una importante falta de fondos. El Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR) tiene que ejercer su rol y mostrarse a la altura de liderar esta causa, garantizando que la población somalí recibe la asistencia adecuada y apoyando a los países anfitriones a dar una respuesta efectiva a esta crisis humanitaria.

En Somalia, de los miles de personas que han huido de Mogadiscio, muchos han buscado refugio en la zona de Afgooye, donde 400.000 hombres, mujeres y niños viven hacinados en una franja de 15 km de terreno que se estima como el lugar del mundo con la más alta concentración de desplazados.

La inseguridad casi total impide a las ONG internacionales dar la asistencia necesaria a las poblaciones. Los propios somalíes se han convertido en los principales distribuidores de la ayuda humanitaria a través de sus organizaciones locales. Sin embargo, les faltan fondos y necesitan mucho más apoyo de los donantes para seguir salvando vidas a diario con su trabajo.

“Los servicios prestados a las poblaciones en cualquier de los lugares de refugio – Afgooye, Dadaab y Bokolmayo – están muy por debajo de los éstandares internacionales. Mientras las ONG en terreno necesitan aumentar la respuesta, los donantes no se pueden encoger de hombros y no aportar fondos para esta emergencia. Esta es una tragedia humanitaria de enormes proporciones en la que miles de personas han perdido sus hogares y todo el sentido de la normalidad desde hace demasiado tiempo”, dijo Van den Berg.

“En ultima instancia, la causa de los problemas en los campos es el propio conflicto somali, y el caos y el desastre humanitario que ha causado. Nuestros gobiernos deben poner Somalia en su lista de prioridades y hacer más que mantener el país con la mínima ayuda para supervivir. Necesitamos un nuevo enfoque y un compromiso sostenible para poner fin a este sufrimiento vergonzoso que dura ya 15 años,” ha añadido.

20
Jul
09

África busca refugio en Argentina

Artículo de Elpais.es

Las solicitudes de asilo, la mitad procedentes de países africanos, suben un 142% por la flexibilidad de las leyes

Mazamba vende joyas baratas en las calles de Once, el barrio más cosmopolita y densamente poblado de Buenos Aires, y dice que vino de Costa de Marfil porque allí vio cómo hombres armados entraban en su casa y masacraban a su familia. Es joven y ha pedido asilo en Argentina, un país donde se ha disparado la cantidad de solicitudes de refugio en los últimos dos años.

Argentina está lejos de ser uno de los países con más asilados (sólo 3.172, frente a un millón en Pakistán), pero su lejanía con respecto a los países afectados por la violencia política, racial o religiosa no ha impedido que entre 2006 y 2008 el número de peticiones de refugio subiera de 355 a 859, un 142%, según la Comisión Nacional de Refugiados. Más de la mitad de las personas que buscaron asilarse en Argentina provino de África. Muchos se cuelan en barcos de cargas o cruceros de turistas, algunos sin saber adónde se dirigen. Los senegaleses integraron el principal colectivo de demandantes, seguido por los colombianos. También llegaron otros de Sierra Leona, Nigeria y Costa de Marfil. En algunos países de origen hay guerras o guerrillas en todo su territorio o en alguna región específica.

Algunos de los solicitantes africanos eligen deliberadamente Argentina o Brasil. Carolina Podestá, portavoz de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidos para los Refugiados (ACNUR) para el sur de Latinoamérica, explica que llegan hasta estas latitudes ante las dificultades para refugiarse en la Unión Europea y en EE UU. Podestá añade que los interesados esgrimen cuestiones de seguridad o leyes migratorias para restringir los asilos. De hecho, Amnistía Internacional advirtió durante el último Día del Refugiado, el pasado 20 de junio, que las personas que “arriesgan su vida para encontrar seguridad lo único que se encuentran al llegar a Europa es que las devuelven”, según la directora del Programa para Europa y Asia Central de la organización, Nicola Duckworth. Noruega y otros países europeos, que dicen que ya no pueden recibir más asilados, están financiando a Gobiernos del mundo desarrollado para que los acojan.

Los refugiados africanos, que no migran por una cuestión económica sino porque sufren persecución en su tierra de origen, escogen Argentina y Brasil porque consideran que estos países ofrecen leyes migratorias flexibles, legislación específica para los asilados, ciertas posibilidades económicas, ausencia de conflictos bélicos y lejanía con respecto de donde se escapan. A veces los eligen como vía de escape transitoria hacia otro destino. ACNUR vaticina que irá aumentando la cantidad de solicitudes de asilo en Argentina, que en 2006, durante el Gobierno de Néstor Kirchner, sancionó una ley general de reconocimiento y protección al refugiado.

De cada cuatro solicitudes de refugio en Argentina, tres son de varones y una de mujer. El 19% es menor de 21 años, que es la mayoría de edad para la legislación argentina. De los 2.879 extranjeros que ya consiguieron el asilo, el 22% son peruanos (huyeron de Sendero Luminoso o eran perseguidos por las autoridades bajo la sospecha de pertenecer a esa guerrilla), el 11% son cubanos, el 5% son chilenos (llegaron en los años 80 huyendo de Pinochet) y otros tantos, colombianos. Además, hay armenios, rumanos y rusos, que llegaron en los 90 tras la caída del comunismo, y otros de Senegal, Sierra Leona y Liberia, que comenzaron a llegar también en la década pasada.

Algunos refugiados africanos llegan en barcos mezclados con otros inmigrantes, que no se marcharon por motivos políticos, raciales o religiosos sino económicos, con lo que a veces se vuelve difícil para las autoridades argentinas distinguir entre unos y otros. En ciertos casos son víctimas de redes de trata de personas. Lo primero que hace el Gobierno es darle una residencia precaria con la que puede trabajar y acceder a servicios básicos, mientras se analiza su solicitud durante alrededor de un año.

ACNUR asiste al Gobierno argentino y a su vez trabaja en la protección e integración de los refugiados con una organización católica, otra judía y la Fundación Myrar. Los africanos son una rareza en Argentina, suelen ser gregarios y solidarios entre ellos (comparten comidas, películas y habitaciones hacinadas en pensiones), son tímidos y amables, y en su mayoría mantienen la fe islámica. Vendiendo joyas en Once se entremezcan con judíos ortodoxos, surcoreanos, peruanos y argentinos en general.

En Chile, donde se está discutiendo una ley para los refugiados, también se ha registrado un fuerte aumento de peticiones. La mayoría proviene de Colombia, pero también se ha asentado allí un centenar de palestinos que huyeron de Irak y que encontraron una buena acogida en el amplio colectivo de descendientes palestinos en Chile. A pesar de todo, Latinoamérica sigue sin aparecer entre las regiones que acogen a la mayoría de los 32 millones de refugiados, solicitantes de asilo, desplazados internos, repatriados y apátridas que proliferan por el mundo. La mayoría está en Pakistán, Irán, EE UU, Siria, Alemania, Jordania, Tanzania, Reino Unido, China y Chad.

16
Jul
09

La ONU critica a Italia por expulsar a Libia a inmigrantes ‘sin papeles’

Laura Boldrini, portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Italia, afirmó ayer que el Gobierno italiano está poniendo en riesgo el derecho de asilo de los inmigrantes con las expulsiones de sin papeles en alta mar aplicadas tras firmar el tratado bilateral con Libia. Las críticas de la ONU siguen a las denuncias de varias ONG contra el uso de la fuerza por parte de la marina militar durante una operación de devolución de inmigrantes africanos realizada el 1 de julio.

“Hasta el 6 de mayo pasado”, dijo Boldrini a la agencia Econews, “Italia siempre había cumplido un papel fundamental al salvar vidas humanas, llevando a tierra a los inmigrantes, identificándolos y dándoles la posibilidad de pedir asilo, y expulsando a quienes no tenían derecho a permanecer. Pero desde que empezó la nueva práctica de devoluciones está poniendo en serio peligro el derecho de asilo”.

ACNUR entiende que “es difícil controlar las fronteras y al mismo tiempo garantizar el derecho de asilo”, pero la portavoz añade: “Europa es el corazón de la Convención de Ginebra y no puede perder ese combate”.

Según Gabriele de Grande, un periodista free-lance que ha visitado los centros de detención libios -financiados en parte por Italia y la Unión Europea-, ya lo está perdiendo. Los pasajeros de la barcaza rechazada en aguas de la isla de Lampedusa el 1 de julio “son en su mayoría eritreos que tenían derecho a pedir asilo en Europa, muchos de ellos desertores del Ejército que ahora arriesgan la repatriación o una detención por tiempo indefinido”.

Se trata de 65 hombres, que están en el campo de detención de Zuwarah, y de nueve mujeres, ingresadas en el centro femenino de Zawiyah. Christopher Hein, director del Comité Italiano para los Refugiados, informó por su parte de que uno de los eritreos retenidos en Zuwarah “presenta heridas en la cabeza provocadas por una porra eléctrica”.

En virtud del acuerdo firmado por Silvio Berlusconi y Muammar el Gaddafi el pasado 14 de mayo, Italia ha devuelto ya más de mil inmigrantes a Libia. En otro campamento, el de Misratah, 210 kilómetros al este de Trípoli, hay más de 600 inmigrantes detenidos, informa De Grande, entre ellos 58 mujeres, niños y bebés: “Llevan más de dos años allí, duermen en cuartos sin ventanas de cuatro por cinco metros cuadrados, y hay hasta 20 personas por celda”.

El Gobierno italiano niega las acusaciones. El ministro de Defensa, Ignazio la Russa, ha dicho que se trata de “imputaciones repugnantes”, y ha achacado la violencia al hecho de que algunos inmigrantes “intentaron usar la fuerza contra los militares”.

Mientras, el presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, promulgó ayer la Ley de Seguridad, aprobada por el Parlamento el 2 de julio, y envió sendas cartas al Gabinete en las que expresa su “perplejidad y preocupación” ante el texto.

Según Napolitano, las disposiciones de seguridad pública se han ampliado “de modo relevante” durante el trámite parlamentario, y ahora contienen “numerosas normas heterogéneas” y “carentes de organicidad y sistematicidad”.

Además, escribe el jefe del Estado, hay normas de “dudosa coherencia con los principios generales del ordenamiento jurídico y con el sistema penal vigente”. Napolitano llama también la atención sobre los problemas que comportará “la aplicación de la ley”.

El líder de Italia de los Valores, Antonio di Pietro, criticó la iniciativa del presidente de la República porque, a su juicio, debería haber devuelto la ley al Parlamento “en vez de expresar lamentos que sólo son gritos al viento”. El Partido Democrático pidió al Ejecutivo que lleve el polémico texto otra vez a las cámaras.

La nueva Ley de Seguridad introduce el delito de inmigración clandestina (penado con multas de 5.000 a 10.000 euros); da vía libre a las patrullas ciudadanas de ex agentes sin armas; prolonga a 180 días la estadía de sin papeles en los centros italianos, y restringe los derechos sociales y civiles (matrimonio, escolaridad, sanidad y ciudadanía) a los inmigrantes irregulares.

20
Jun
09

El derecho de asilo en tiempos difíciles

Artículo de Javier de Lucas, Presidente de la Comisión Española de Ayuda al refugiado, CEAR.

Hablar de tiempos difíciles en relación con los refugiados no deja de ser un pleonasmo. Nunca ha habido buenos tiempos para quienes necesitan el derecho de asilo, pero las estadísticas del ACNUR certifican que nunca como ahora ha habido tal necesidad de asilo. La razón es que se han incrementado y diversificado las situaciones que obligan a millones de personas en todo el mundo a huir de su país para encontrar un refugio. A las persecuciones por razones políticas o la pertenencia a minorías amenazadas, a las guerras o conflictos civiles que se multiplican, se han sumado otras vinculadas a la opción sexual, a la condición de género o a los desastres medioambientales. Y el asilo, un derecho fundamental y universal, es un derecho cada vez más amenazado.

Ante todo, conviene recordar que el asilo no es un acto de generosidad, de caridad, sino un derecho fundamental universal, lo que supone la existencia de obligaciones jurídicas exigibles ante los Estados que lo reconocen por haber ratificado la Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo de Nueva York de 1967. Obligaciones de protección de los refugiados, no sólo en el propio territorio, sino fuera de él. Incluso se podría decir que sería el derecho más básico, en el sentido de que es el propio de quienes son, sin más, seres humanos, sin atributos.

Pero el asilo es un derecho en crisis, amenazado hoy más que nunca. El hecho es que, pese a que no cesan de incrementarse los refugiados y desplazados, cada vez llegan menos demandas de asilo a nuestras fronteras.

En España, en 2008 se registraron tan sólo 4.516 solicitudes de asilo -la cifra más baja en 20 años- y menos de la mitad de ellas se admitieron a trámite. De éstas, sólo se concedieron 151 estatutos de asilo strictu sensu, el 2,91% del total (a las que habría que añadir 126 concesiones de protección complementaria). Esas cifras -en Francia hablamos de 22.000 solicitudes y 11.000 concesiones en el mismo periodo- son indignas para un país que, pese a la crisis, es la octava potencia del mundo.

Frente al tópico de que viviríamos amenazados por avalanchas de demandantes de asilo, los hechos muestran que sucede lo contrario en el mundo próspero del que forma parte España, la Unión Europea. Nosotros, europeos, españoles, que vivimos en las sociedades más seguras que jamás hayan existido, no somos los destinatarios prioritarios de esos movimientos de demanda de asilo. Entonces, la pregunta es: ¿por qué ese proyecto sostenido de restringir el asilo?

Que haya cada vez más necesidad de asilo y, sin embargo, bajen las solicitudes (por no hablar de las concesiones), tiene una explicación, como se analiza en el Informe CEAR 2009 que se hace público en estos días. El factor fundamental son las políticas de control y externalización de fronteras en materia de inmigración y asilo, emprendidas por la UE y por España (uno de cuyos principales instrumentos es la firma de convenios bilaterales con países de tránsito) y reafirmadas en el pacto europeo de asilo e inmigración acordado en octubre de 2008. Cada vez es más difícil que quienes huyen de persecución y buscan refugio puedan llegar hasta nosotros y, lo que es peor, obtengan el reconocimiento del asilo. Esa externalización de las fronteras crea espacios de contención -bajo el cuidado de países que muchas veces no superan el estándar mínimo de respeto de derechos humanos- cada vez más difíciles de superar.

Eso obliga a los refugiados a unirse en su huida a los inmigrantes irregulares, con los que se confunden. Y una de las consecuencias es que son tratados como ellos y ni siquiera se les da la posibilidad de demandar asilo.

Ahora estamos en medio de la discusión parlamentaria de la reforma de ley del asilo y en el marco de una transformación hacia un sistema europeo común de asilo (SECA). En CEAR confiamos aún en que se obtenga en España un acuerdo parlamentario que amplíe esta noción para adecuarla a las nuevas amenazas. Que mantenga todas las vías de acceso, por ejemplo, la diplomática. Que no restrinja la solicitud por la vía de la cláusula de países seguros. Que exija a los países que gestionan el tránsito el respeto al estándar mínimo de derechos humanos.

Creemos además que ese pacto permitiría a España aprovechar su próxima presidencia de la UE para apuntar hacia una política europea de asilo más abierta, para mostrar una imagen de la UE diferente, comprometida con la legalidad internacional, que contribuya a la presencia fuerte de la UE como agente en las relaciones internacionales.

No pedimos hacer frente en solitario a la miseria del mundo. Sólo estar a la altura de los deberes que impone nuestra condición de privilegio en un mundo global. Sólo ser coherentes con nuestro respeto por el Derecho y del Estado de derecho, esa huella genética que reivindicamos como creación europea y que es la opción por la que debemos decidirnos en estos tiempos de crisis.

La misión del Derecho, lo que hace o puede hacer de la tarea del Derecho y los juristas algo noble, es esa prioridad de defensa del más débil en aras de la igual libertad. Para revertir el pesimista -y lúcido- argumento de Mario Benedetti que parece pensado para los refugiados: “El mundo es esto / en su mejor momento, una nostalgia / en su peor, un desamparo”.

20
Jun
09

Día Mundial del Refugiado- Mensaje




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