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Mar
09

Inmigrantes al borde de la exclusión social

Un artículo de Christian de Angelis, Barcelona

El aumento del paro entre los extranjeros no tiene un efecto homogéneo entre las diferentes nacionalidades más abundantes en Catalunya. En todo caso, la mayoría rechaza optar por los planes de retorno a sus países de origen.

Razvan es un ciudadano rumano de 31 años afincado en Catalunya desde 2004. Habla perfecto castellano, inglés y algo de catalán, y ha ejercido en los últimos años de jefe de obra. Ahora, con la crisis, ha decidido volver a Rumania, un país que recibirá 30.000 millones de euros de inversión de la Unión Europea hasta 2013 y que ha emprendido acciones para recuperar talento de la diáspora rumana. Pero el caso de Razvan no es generalizable para los 1.103.790 ciudadanos extranjeros ubicados en Catalunya a 1 de enero de 2008.

Es la mayor transformación social experimentada por Catalunya en los últimos años y ahora, con la crisis, puede convertirse en un problema de magnitudes desconocidas. La inmigración extranjera comenzó a crecer significativamente en 2000, al calor del aumento de la demanda laboral y del boom inmobiliario. Ahora, la población extranjera supone un 15% del total, pero su peso en el colectivo de desempleados asciende al 20,5%.

Paro y nacionalidades
Este desajuste hace evidentes los problemas en la adaptación de los inmigrantes al mercado laboral y, sobre todo, un riesgo creciente de que millares de personas entren en situaciones de pobreza, marginación y precariedad. La Generalitat, según el secretario para la Immigració, Oriol Amorós, ya plantea un aumento del presupuesto para el Indicador de rentas de suficiencia (Ipri) para “parar el golpe”.

La situación socioeconómica de los inmigrantes cambia en función de las diferentes nacionalidades. Fátima Ahmed, portavoz de Ibn Batuta, y Montse Puig, responsable de inserción laboral de la asociación, señalan que el colectivo marroquí, el más numeroso de Catalunya, ha accedido en los últimos años “básicamente a contratos de peonaje en la construcción, aunque también hay experiencias de creación de pequeñas subcontratistas del sector”.

En muchos casos, la inmigración marroquí, con un 61% de hombres, ha tenido un desarrollo laboral en la construcción “muy endogámico”, explica Puig, con empleadores de su misma nacionalidad y dificultades importantes lingüísticas. “Ahora –prosigue– ven que han estado sumergidos en su trabajo, que han perdido su empleo y que tienen muy pocas posibilidades de encontrar otro”.

También se da un volumen significativo de marroquíes, tanto hombres como mujeres, con “experiencias varias”, señala Puig, que en un mismo año han podido ejercer de albañil, camarero, vendedor y cuidador de personas mayores, por ejemplo. “El mercado les ha pedido que sean dúctiles y ahora continúan ofreciéndose para trabajar de lo que sea; pero las empresas solicitan cada vez más un perfil profesionalizado; son tanto o más difíciles de reinsertar que los parados de la construcción”, agrega.

En cuanto a las mujeres marroquíes, la situación que se da en muchos casos resulta paradójica. Por lo general, señala Ibn Batuta, las que han podido trabajar tienen un perfil laboral más definido, en áreas como la limpieza y el cuidado personal, dos actividades menos afectadas por la caída del consumo y el crac inmobiliario. Sin embargo, los hijos y cónyuges han llegado a través de la reagrupación se han tenido que quedar en casa: “la ley de extranjería era muy patriarcal”, indica Puig. Ahora muchas mujeres buscan su propio permiso de trabajo y la tasa de actividad femenina aumenta.

Casos sudamericanos
Tras marroquíes y rumanos, ecuatorianos, bolivianos y colombianos ocupan la tercera, cuarta y quinta posición en el ranking de inmigrantes por nacionalidades. Su inserción en el mercado laboral catalán tiene semejanzas con los primeros, con muchos empleos en la construcción para los hombres y más trabajo de servicios a las personas para las mujeres.

Pero existe una diferencia de origen, tal y como explica Javier Bonomi, presidente de Fedelatina: “ocurre lo contrario con los marroquíes, ya que el modelo de inmigración es muy feminizado; primero viene la mujer y después reagrupa a sus hijos y su marido”. La tasa de actividad entre las mujeres sudamericanas es diez puntos superior a la de los hombres.

Las menores barreras idiomáticas no han hecho que los inmigrantes sudamericanos sean más activos que los pakistaníes, por ejemplo, en la creación de empresas. Parte de los colombianos, señala Bonomi, sí han optado por la autoocupación. “Como los argentinos, peruanos y uruguayos, los colombianos tienen visados más antiguos, están menos ligados a la construcción y más preparados para afrontar la crisis”, añade.

El mayor riesgo de exclusión, según Fedelatina, se da para ecuatorianos y bolivianos –especialmente hombres jóvenes–, para los que se añade el problema del alto endeudamiento. “El ecuatoriano tipo –explica– obtuvo su regularización en 2001 y una mezcla de moda y necesidad hacía que dos o cinco años después el siguiente paso del arraigo pasara por la compra de un coche y un piso a crédito; el boliviano llegó más tarde, en buena parte procedente de una primera migración a Argentina, y no ha tenido tiempo de comprar”.

Florin Gaiseanu, presidente de la Associació Cultural Rumanesa (Asocrom), ve con más optimismo la situación del colectivo de rumanos en Catalunya. En la época del dictador Nicolae Ceausescu, explica, se construyó mucho en el país y buena parte de inmigrantes rumanos llegaron con alto nivel de capacitación técnica. Además del peonaje, la construcción ha generado ocupaciones técnicas para los ciudadanos de Rumania, desde instalaciones eléctricas hasta trabajos de arquitectura. “La mayoría ha llegado con cierta preparación, pero lo han tenido que demostrar poco a poco”, comenta.

A diferencia de los sudamericanos –que se concentran en el área de Barcelona– y los marroquíes –con mucha presencia en todo el territorio–, la inmigración rumana ha rechazado por lo general residir en la capital. Sólo 6.494 están en Barcelona y les siguen las comunidades instaladas en Lleida, Reus y Tarragona. Otro hecho diferencial de la inmigración rumana es el carné de nacionalidad europea, reconocida con plenos derechos desde 2007. “Muchos ya no se sienten inmigrantes; forman parte de la sociedad catalana”, sostiene Gaiseanu.

Más formación

Otro fenómeno que se da con el aumento de paro inmigrante es el florecimiento de capacitaciones laborales hasta ahora ocultas. Amorós lo explica gráficamente: “había un sector, la construcción, muy goloso, y no hemos aprovechado la capacidad laboral de nuestra inmigración; había una presión hacia el trabajo no cualificado”. Las asociaciones de apoyo a los inmigrantes coinciden en que aparecen ahora en las peticiones de empleo lingüísticas, pedagogos, enfermeras y técnicos de varias disciplinas, ante lo que surge un nuevo problema de tipo burocrático, la homologación de títulos. “El proceso es muy lento”, reconoce Amorós, que destaca que el Govern prepara un servicio de ayuda a la tramitación de homologación de títulos.

Entidades y responsables de la administración local también coinciden en destacar un aumento de la demanda formativa, especialmente en idiomas. Bonomi apunta a la alta movilidad de los trabajadores inmigrantes, tanto geográfica como entre diferentes sectores. “Es un colectivo muy adaptable y somos trabajadores migrantes; esto es una ventaja competitiva”.

Esto no significa, sin embargo, que sean ciertas las teorías del retorno masivo de inmigrantes debido a la crisis, a pesar de que las nuevas llegadas han disminuido y algunos casos “testimoniales” de retorno, en palabras de Ahmed y Puig. Bonomi coincide: “el retorno es marginal, mínimo y sólo opta por ello el que está en absoluta marginalidad, no llega ni al 0,1%; la situación en nuestros países es mucho peor”. Capítulo aparte es el caso de Rumania: el gobierno del país financia un plan de retorno para recuperar talento, en el que piensa articular incluso instrumentos fiscales. “Se necesitan 1,8 millones de trabajadores”, comenta Gaiseanu.

“La decisión del retorno –indica Amorós– es de balance de alternativas; por eso la mayoría no volverá”. Tampoco se esconde por parte de entidades y políticos la importancia de las prestaciones sociales. “Ante una situación de crisis y miseria en tu país y crisis y prestaciones en el país en el que estás afincado, ¿tú que harías?”, pregunta un inmigrante.

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