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20
Jul
09

África busca refugio en Argentina

Artículo de Elpais.es

Las solicitudes de asilo, la mitad procedentes de países africanos, suben un 142% por la flexibilidad de las leyes

Mazamba vende joyas baratas en las calles de Once, el barrio más cosmopolita y densamente poblado de Buenos Aires, y dice que vino de Costa de Marfil porque allí vio cómo hombres armados entraban en su casa y masacraban a su familia. Es joven y ha pedido asilo en Argentina, un país donde se ha disparado la cantidad de solicitudes de refugio en los últimos dos años.

Argentina está lejos de ser uno de los países con más asilados (sólo 3.172, frente a un millón en Pakistán), pero su lejanía con respecto a los países afectados por la violencia política, racial o religiosa no ha impedido que entre 2006 y 2008 el número de peticiones de refugio subiera de 355 a 859, un 142%, según la Comisión Nacional de Refugiados. Más de la mitad de las personas que buscaron asilarse en Argentina provino de África. Muchos se cuelan en barcos de cargas o cruceros de turistas, algunos sin saber adónde se dirigen. Los senegaleses integraron el principal colectivo de demandantes, seguido por los colombianos. También llegaron otros de Sierra Leona, Nigeria y Costa de Marfil. En algunos países de origen hay guerras o guerrillas en todo su territorio o en alguna región específica.

Algunos de los solicitantes africanos eligen deliberadamente Argentina o Brasil. Carolina Podestá, portavoz de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidos para los Refugiados (ACNUR) para el sur de Latinoamérica, explica que llegan hasta estas latitudes ante las dificultades para refugiarse en la Unión Europea y en EE UU. Podestá añade que los interesados esgrimen cuestiones de seguridad o leyes migratorias para restringir los asilos. De hecho, Amnistía Internacional advirtió durante el último Día del Refugiado, el pasado 20 de junio, que las personas que “arriesgan su vida para encontrar seguridad lo único que se encuentran al llegar a Europa es que las devuelven”, según la directora del Programa para Europa y Asia Central de la organización, Nicola Duckworth. Noruega y otros países europeos, que dicen que ya no pueden recibir más asilados, están financiando a Gobiernos del mundo desarrollado para que los acojan.

Los refugiados africanos, que no migran por una cuestión económica sino porque sufren persecución en su tierra de origen, escogen Argentina y Brasil porque consideran que estos países ofrecen leyes migratorias flexibles, legislación específica para los asilados, ciertas posibilidades económicas, ausencia de conflictos bélicos y lejanía con respecto de donde se escapan. A veces los eligen como vía de escape transitoria hacia otro destino. ACNUR vaticina que irá aumentando la cantidad de solicitudes de asilo en Argentina, que en 2006, durante el Gobierno de Néstor Kirchner, sancionó una ley general de reconocimiento y protección al refugiado.

De cada cuatro solicitudes de refugio en Argentina, tres son de varones y una de mujer. El 19% es menor de 21 años, que es la mayoría de edad para la legislación argentina. De los 2.879 extranjeros que ya consiguieron el asilo, el 22% son peruanos (huyeron de Sendero Luminoso o eran perseguidos por las autoridades bajo la sospecha de pertenecer a esa guerrilla), el 11% son cubanos, el 5% son chilenos (llegaron en los años 80 huyendo de Pinochet) y otros tantos, colombianos. Además, hay armenios, rumanos y rusos, que llegaron en los 90 tras la caída del comunismo, y otros de Senegal, Sierra Leona y Liberia, que comenzaron a llegar también en la década pasada.

Algunos refugiados africanos llegan en barcos mezclados con otros inmigrantes, que no se marcharon por motivos políticos, raciales o religiosos sino económicos, con lo que a veces se vuelve difícil para las autoridades argentinas distinguir entre unos y otros. En ciertos casos son víctimas de redes de trata de personas. Lo primero que hace el Gobierno es darle una residencia precaria con la que puede trabajar y acceder a servicios básicos, mientras se analiza su solicitud durante alrededor de un año.

ACNUR asiste al Gobierno argentino y a su vez trabaja en la protección e integración de los refugiados con una organización católica, otra judía y la Fundación Myrar. Los africanos son una rareza en Argentina, suelen ser gregarios y solidarios entre ellos (comparten comidas, películas y habitaciones hacinadas en pensiones), son tímidos y amables, y en su mayoría mantienen la fe islámica. Vendiendo joyas en Once se entremezcan con judíos ortodoxos, surcoreanos, peruanos y argentinos en general.

En Chile, donde se está discutiendo una ley para los refugiados, también se ha registrado un fuerte aumento de peticiones. La mayoría proviene de Colombia, pero también se ha asentado allí un centenar de palestinos que huyeron de Irak y que encontraron una buena acogida en el amplio colectivo de descendientes palestinos en Chile. A pesar de todo, Latinoamérica sigue sin aparecer entre las regiones que acogen a la mayoría de los 32 millones de refugiados, solicitantes de asilo, desplazados internos, repatriados y apátridas que proliferan por el mundo. La mayoría está en Pakistán, Irán, EE UU, Siria, Alemania, Jordania, Tanzania, Reino Unido, China y Chad.

17
Jun
09

Salud para las migrantes

Artículo de Artemisa

Por Alejandra Waingandt

En Argentina las migrantes, que son cada vez más, reciben un trato diferencial en hospitales y centros de salud porque se desconoce la ley que les garantiza el acceso irrestricto al sistema de salud. Un programa para que la salud sexual y reproductiva esté también a su alcance.

Emilse y Verónica copy

Alicia Ruiz migró a la Argentina desde Bolivia cuando tenía 22 años. Ahora tiene 47 y se casó con un argentino con quien tuvo dos hijos. Trabajó unos 17 años en el Hospital Israelita donde sufrió discriminación por su color de piel y nacionalidad, pero antes tuvo otras experiencias difíciles y representativas de las migraciones limítrofes. “Es mejor que en Bolivia, donde no hay insumos y podes morir fácilmente. Pero en Argentina hay discriminación. El color de piel es un problema, la gente nos trata como cabecitas negras y nos hacen saber que no servimos para anda. Nos llaman estúpidos. En el Israelita tenía una compañera argentina muy rubia que era mucama y que decía ‘¿vos estudiaste? ¿Vos tenés neuronas? ¿Vos sabés pensar?’ Le molestaba mi color de piel”. Ella pudo ver como otras y otros migrantes eran víctimas de malos tratos por el personal no profesional del hospital. “El problema es la gente más ignorante, los médicos están más preparados, no hacen eso”, explicó. Las diferencias culturales y las “miserias burocráticas” derivadas de la portación de rostro limitan este acceso en perjuicio de los y las migrantes limítrofes. Debido a esa situación, el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), a través de sus representaciones de Argentina y Bolivia, impulsa un proyecto sobre salud sexual y reproductiva dirigido a migrantes provenientes del país andino. Esta iniciativa que cuenta con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, busca mejorar el acceso de mujeres y jóvenes bolivianas a los servicios de salud sexual y reproductiva.

En una comunidad migrante cada vez feminizada, la de Alicia Ruiz es apenas una historia más entre las tantas que sufren las mujeres que vienen a este país buscando un destino mejor. En Bolivia ella era la novena de 13 hermanos. Abandonó la escuela durante la adolescencia para conseguir un empleo y colaborar con la economía familiar, pero no logró trabajar porque el país estaba en crisis. “Pasábamos una miseria tremenda, recuerdo que recibíamos un bollo de pan por hijo, esa situación me desesperó. Los comerciantes de Oruro decían que en Argentina se podía trabajar y estudiar”. Como la joven boliviana deseaba estudiar Derecho resolvió migrar a la Argentina, aunque en Buenos Aires no pudo ingresar al sistema educativo porque no tenía DNI. No obstante entró a trabajar en el servicio doméstico, donde los papeles no eran necesarios. “Era una migrante más, así que abandoné mi idea de estudiar y trabajé en limpieza, pero después me casé con un argentino y conseguí la documentación”. En ese momento, Alicia Ruiz finalizó su educación básica, cursó la carrera de enfermería y obtuvo el cargo de enfermera auxiliar en el Hospital Israelita, puesto que perdió en 2001 porque el nosocomio se declaró en quiebra. No consiguió que la indemnizaran y aunque lleva unos 7 años desempleada, ocupa parte del tiempo libre enseñando quechua a su colectividad.

Una investigación del Centro de Estudios de Población (CENEP) de 2004, dirigida por la socióloga Marcela Cerrutti, sobre la calidad de la atención en hospitales y centros de salud, evidenció justamente que mujeres y varones migrantes reciben un trato diferencial de parte del personal administrativo. “Las evaluaciones de las usuarias sobre el staff no médico dejan mucho que desear”, afirmó la investigadora. El consultor de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) Jorge Gurrieri agregó que “en estos casos el problema aparece más por la tez que por la nacionalidad”.

En cuanto a los profesionales de la salud y la relación con las pacientes extranjeras, ambos expertos coincidieron en que se originan problemas en las diferencias culturales. “El idioma es un obstáculo, especialmente entre las bolivianas, hay muchas que sólo hablan quechua”, ejemplificó el Gurrieri. Cerrutti señaló: “Las bolivianas tienen más dificultades que otras migrantes limítrofes, ellas son más tímidas, más pudorosas y también más sumisas y los médicos no están preparados para tratar pacientes extranjeros”.

Según Cerrutti la mayoría de las veces la práctica discriminatoria se origina en la incomunicación. “Los trabajadores de la salud desconocen la legislación migratoria debido a que fallan los canales de comunicación entre las oficinas gubernamentales”, opinó. Al sancionarse la Ley de Migraciones (Nº 25.871) en 2004, las comunidades inmigrantes de países del MERCOSUR y sus allegados obtuvieron un “acceso irrestricto” a la salud pública de Argentina, que fue pionera en efectivizar el Acuerdo de Residencia firmado por países miembros de dicho grupo en 2002. Tienen la misión de garantizar ese acceso la Dirección Nacional de Migraciones, el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional Contra La Discriminación la Xenofobia y El Racismo, entre otras reparticiones públicas.

Cerrutti forma parte del proyecto de UNFPA en representación de CENEP. La experta explicó que “la idea es identificar buenas prácticas en algunos servicios de salud y hacerlas extensivas a todo el sistema. El objetivo es obtener prestaciones más sensibles a las particularidades culturales y sociales de las colectividades migrantes”. Se pesquisará dos áreas diferentes: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, y la zona de fronteras de Jujuy y Salta, ya que en estas regiones se concentra la mayoría la población boliviana ( 59,8% y 22,3% respectivamente).

Gurrieri explicó que en estas dos regiones las problemáticas con la migración son diferentes. En la zona metropolitana la presencia del Estado es mayor y funcionan legislaciones como el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva. En cambio “en las zonas fronterizas la sensibilidad de las personas nativas puede ser mayor. Por ejemplo los hospitales de Posadas (Misiones) y Orán (Salta) atienden a mujeres provenientes de Bolivia y Paraguay, que atraviesan las fronteras para dar a luz, de hecho constituyen el 50 por ciento de los partos”.

Por todo esto, el proyecto impulsado por UNPFA promoverá la Ley de Migraciones para que los y las agentes de la salud tomen conciencia de que las migrantes y las nativas pueden acceder a todas las prestaciones en iguales condiciones, y también sensibilizará a los y las profesionales de la salud para mejorar la comunicación con las usuarias extranjeras.

Sofía Villalba, paraguaya, asegura que hay hospitales y centros de salud en los que el personal médico “no se apura en atendernos. Creen que se nos va a pasar (la dolencia). Le ocurrió a mi hermana fallecida hace tres años. Tenía una fisura en el pie, estaba muy dolorida, fuimos al Hospital Penna, en la guardia la atendió una ginecólogo y un traumatólogo, le aplicaron un medicamento y la mandaron a casa. Cuando volvimos a casa mi hermana estaba inconsciente, no podía ni hablar. En el Penna dicen que le aplicaron un calmante, pero no sé como la largaron así. Como seguía muy mal fuimos al Hospital Fernández y la atendieron enseguida. Se preguntaban cómo la habían largado, me avisaron que estaba muy mal y falleció”.

Sofía Villalba tiene 35 años y migró a Argentina a los 16 porque necesitaba operarse, tenía una enfermedad en los huesos de los pies. “En Paraguay la operación era muy cara. En Argentina tenía a mi papá y dos de mis hermanos y decían que los doctores eran mejores, así que decidí venirme”, recordó.

La joven paraguaya se operó en el Hospital Fernández y tras su recuperación empezó a trabajar en el servicio doméstico. “En Paraguay dejé la escuela porque a mi mamá no podía tener tres estudiantes. Allá quedaron mi mamá y dos hermanos más. Ella trabajaba en el mercado central y la ayudaba desde los 7 años. A los 13 puede juntar dinero y estudié peluquería y manicura pero nunca trabajé de eso”.

En Argentina, Villalba se convirtió en empleada doméstica porque no se requería documentación. Inició los trámites para el DNI en 1991 debido a una amnistía otorgado por el gobierno nacional, el cual recibió cuatro años más tarde. Entonces decidió quedarse en el país, donde formó pareja con un paraguayo, con quien tiene una nena de 6 y un nene de 4. Hoy trabaja para la misma patrona y asiste a una escuela para adultos.

La discusión sobre los derechos que tienen los y las migrantes respecto del acceso a la salud no está saldada. “Si bien hay una ley que intenta poner fin a esa polémica, la misma sigue vigente en las mentes de las personas”, advirtió Gurrieri.

12
Jun
09

Argentina: Perfil de las migrantes limítrofes.

Un artículo de Alejandra Waingandt (Artemisa)

Las mujeres paraguayas migran solas, seis de cada 10 trabajan en el servicio doméstico y muchas crían a sus hijos desde la distancia. Estos son algunos datos que se desprenden de un informe elaborado por la socióloga Marcela Cerruti.

La socióloga Marcela Cerrutti elaboró el informe Diagnóstico de las Poblaciones de Inmigrantes en la Argentina, pero se especializó en la migración paraguaya, sobre todo en mujeres migrates. “La mujer paraguaya migra cuando es joven, es decir antes de los 25 años. Se traslada sin su familia, se trata de una migración autónoma o independiente. Esto la distingue de otros flujos migratorios en los que la mujer participa en una migración de carácter familiar como es el caso de las bolivianas. Aquí la mujer migra acompañando a su padre, esposo o pareja”, explicó la investigadora.

Con el equipo del Centro de Estudios de Población (CENEP), Cerrutti se trasladó a Paraguay donde realizó encuestas en hogares de cuatro de distritos. “Para conocer realmente cómo migran las mujeres se necesitan datos del país de origen y del país de destino, pero no tenemos estos datos”, afirmó la experta, quien se basó en la Encuesta Complementaria de Migraciones Internacionales (ECMI), que formó parte del Censo de 2001, para realizar el diagnóstico sobre las migraciones limítrofes. “Con la ECMI más los datos recogidos en Paraguay logramos reconstruir las historias migratorias completas. Esto no quiere decir que tengamos información representativa de Paraguay”, aclaró la socióloga.

Luego Cerrutti se refirió a la “maternidad a larga distancia”, porque caracteriza principalmente a la migración paraguaya. “Si bien el 60 por ciento de las paraguayas migran antes de casarse, muchas tienen hijos al momento de migrar”, indicó. Cuando se instalan en Argentina, las paraguayas se insertan principalmente en el servicio domestico en hogares privados, de ese modo se hacen cargo de las tares domésticas en hogares de otras mujeres trabajadoras, mientras sus hijos e hijas viven una maternidad a distancia.

La experta aclaró enseguida que “es muy poco el conocimiento que tenemos de este fenómeno respecto de los grupos migratorios de Argentina”. Su informe sobre las poblaciones migrantes establece que 22 por ciento de las paraguayas tienen hijos menores de 14 años en el país de origen, y en el caso de las bolivianas esta cifra baja a 8 por ciento.

Las migrantes suelen recurrir a redes sociales migratorias femeninas. “Este es otro rasgo poco estudiado, pero cuando analizamos quienes colaboran con la mujer que migra, aparece que fue una hermana, una miga o una parienta”, informó Cerrutti, para explicar que las redes son fundamentales en el proceso migratorio, ya que disminuye su costo tanto en lo económico como en lo afectivo.

En ese orden, la investigadora aseguró que “la migración limítrofe y de Perú se han feminizado”, pero aclaró que “en el caso de Paraguay el número de mujeres siempre fue mayor”. En Argentina tres grupos migratorios han aumentado en forma significativa en épocas recientes: paraguayos, bolivianos y peruanos, pero este último colectivo sigue teniendo una escasa representatividad. En estas tres colectividades hay más mujeres que varones.

La mayoría de las personas migran por razones laborales. Entre las mujeres la búsqueda de esa alternativa también es predominante. “La migración limítrofe es típicamente laboral y se insertan en sectores económicos con un mayor grado de informalidad y precariedad laboral. Se reduce a un grupo limitado de ocupaciones”, explicó Cerrutti.

El tipo de inserción económica de los y las inmigrantes varía de acuerdo a su origen. En el caso de las bolivianas, aparecen más en el comercio al por mayor y menor, en la industria manufacturera (confección de vestimenta) y en actividades agropecuarias. La socióloga destacó que pese a que es creciente la participación de las mujeres migrantes en la fuerza de trabajo, se mantiene una alta concentración en ocupaciones “típicamente femeninas”. Por ejemplo seis de cada diez paraguayas se desempeñan en distintas variantes del servicio doméstico en hogares privados.

Por último, Cerrutti mencionó que una proporción importante de migrantes limítrofes y de Perú trabajan en condiciones desventajosas, en ese marco las mujeres presentas porcentajes de trabajo precario significativamente más altos que los varones migrantes, aún con los mismos orígenes nacionales. En ese sentido dijo que “el dato más alentador es el programa Patria Grande, que se origina debido a la Ley de Migraciones y tiende a regularizar a los inmigrantes indocumentados. La ley dice que si la persona demuestra que es residente de un país miembro del Mercosur y que no tiene antecedentes penales, puede tramitar su residencia en la Argentina. Es un avance muy importante, pero tiene sólo dos años, con lo cual aún no hoy datos representativos sobre este proceso”.

12
Mar
09

Los migrantes traen soluciones

Un artículo de Clarín Digital

Ante un mundo que se encuentra frente a una crisis financiera de gran magnitud, es importante cambiar el paradigma con que se suele ver a los migrantes y corroborar que ellos pueden ser más parte de la solución que la causa de conflictos.

Este nuevo contexto impone analizar lo que sucede con los movimientos migratorios, y esto es así porque existe una idea errónea que postula que, ante una crisis, los migrantes quitan los escasos puestos de empleo a los trabajadores locales, o compiten por los beneficios y servicios sociales. Es una falsa percepción, de la que en muchos casos no sólo se hacen eco los ciudadanos, sino también los gobiernos.

La migración es uno de los agentes más influyentes de la economía porque es un factor que le aporta dinamismo, eficiencia y ayuda para su desarrollo. Por lo tanto, del escenario actual de crisis no se saldrá restringiendo o bloqueando estos grandes movimientos humanos.

En los últimos años se han producido importantes cambios tanto en el flujo como en la composición de las migraciones laborales en todo el planeta. La movilidad humana ha adquirido una dimensión global sin precedentes, registrándose desde 1965 un incremento de dos veces y medio, siendo en 2005 más de 190 millones los migrantes internacionales. Hoy las migraciones, tanto internas como transfronterizas, están mucho más orientadas a desplazamientos temporarios, y la diferencia entre países de origen y de destino son cada vez más difusas. A su vez, la presencia femenina es cada vez más importante, siendo hoy casi la mitad de los migrantes si se la compara con los niveles de comienzos del siglo XXI. Los desequilibrios también se dan en el plano demográfico, donde muchas naciones desarrolladas cada vez poseen una población más anciana y por lo tanto más necesitada de mano de obra joven que cubra las necesidades laborales. El año pasado ya se registró un crecimiento del 21% de personas que llegaron a los 60 años en los países desarrollados, y para el 2050 ésta aumentará al 32%, pasando a haber el doble de ancianos que de niños en los países industrializados. De no haber una política abierta que permita una bocanada de aire joven, muchos países de Europa dejarán de tener trabajadores. En este caso, una política de restricción laboral extranjera es casi un acto de suicidio nacional.

Asimismo, si bien es cierto que la tecnificación cada vez hace más prescindible la presencia humana, muy difícilmente la máquina pueda reemplazar a la enfermera, al mecánico o al conserje de un hotel, o hacer el trabajo no calificado que muchos se niegan a realizar por considerarlos poco dignos.

A su vez los trabajadores migrantes en muchos casos son un factor crucial para los mismos países de procedencia, registrándose en el 2007 un movimiento de casi 337 mil millones de dólares en remesas (casi un incremento del 99% en cinco años) de los cuales 251 fueron a países en vías de desarrollo.

Para algunos continentes este dinero es incluso mucho más importante que la ayuda internacional que reciben: en 2005, para Sudamérica las remesas fueron 8,4 veces mayores, el promedio más alto del mundo.

La actual dinámica de la economía global y la actual crisis que la afecta necesitan de la movilidad humana para equilibrar las disparidades salariales, los desequilibrios demográficos y las discrepancias del los mercados laborales. Tras varias décadas de un acelerado y creciente proceso de globalización sin precedentes en la historia, es momento de que la flexibilización en materia de circulación de mercancías, capitales y servicios también llegue al desplazamiento de los seres humanos y familias que buscan mejorar sus ingresos y sus niveles de vida.

Porque ya no hay duda que las migraciones no son un fenómeno que divide o debilita a las Naciones; al contrario, son parte constitutiva de su construcción, su dinámica y el fortalecimiento de las mismas. La Argentina bien lo sabe. Brindar nuevas posibilidades de desempeño y ampliar las oportunidades de trabajo es la única manera de contribuir a hacer de este mundo en dificultades un lugar mucho menos peligroso, mucho más justo, equitativo y seguramente más feliz

09
Feb
09

Un vistazo a la inmigración actual en Argentina.

Desde Paraguay y Bolivia, y también de Estados Unidos

Entre el blanqueo y los nuevos arribos, Argentina sigue siendo un país receptor, según Migraciones. El proceso derriba los mitos que se crean alrededor de la inmigración sobre empleo, escolaridad y diferencias culturales.

Artículo de Raúl Kollmann de Página 12

En los últimos tres años pidieron su radicación en la Argentina nada menos que 700.000 personas, multiplicando por diez las cifras de los primeros años de la década. Es cierto que el crecimiento económico hizo atractivo el país, sobre todo para quienes provienen de países vecinos menos prósperos, pero la explosión de radicaciones no tiene tanto que ver con entrada de extranjeros al país sino con un inmenso blanqueo que permitió salir de la clandestinidad a centenares de miles de personas que estaban ilegalmente en la Argentina. Por primera vez en décadas, la cantidad de paraguayos que se instalan en la Argentina supera a la de los bolivianos, lo que también se explica porque la llegada de Evo Morales al gobierno del vecino país decidió a muchos hombres y mujeres del Altiplano a quedarse en Bolivia e incluso a varios miles que vivían en la Argentina a retornar a su país. Los datos demuestran un llamativo crecimiento de la radicación de colombianos –que parecen dejar su patria por el conflicto político-social–, sigue en aumento continuo la llegada de peruanos y también asciende la cantidad de chinos. Asombrosamente, también se duplicó la cifra de norteamericanos que piden la radicación. La política de regularización y puertas abiertas se exhibe también en otro dato: en 2008 apenas 40 personas fueron expulsadas de la Argentina, casi todas por antecedentes en materia de tráfico de drogas.

En los últimos tres años, se produjo la siguiente escalada:

- De 2900 paraguayos que pidieron la radicación en 2000, se pasó a 176.000 en 2006, 84.000 en 2007 y 35.000 en 2008. En los tres primeros años de la década se radicaron 7000 paraguayos en la Argentina, en los últimos tres años, casi 290.000.

- La cantidad de bolivianos en la Argentina siempre duplicó y hasta triplicó a los paraguayos. En los últimos tres años se radicaron dos paraguayos por cada boliviano, aunque en 2008 pareció empezar a revertirse esa tendencia.

- El tercer grupo nacional es el de los peruanos, que quintuplicaron su presencia en la Argentina. Ya se radicaron 140.000.

- La presencia de chinos, casi todos ellos de la provincia más pobre de ese país, Fujian, siguió aumentando en forma constante, aunque parece cambiar la tendencia en los últimos meses. Ya hay más de 35.000 con la situación regularizada, pero se supone que muchos otros se mantienen en la clandestinidad, tal vez atemorizados por quienes lucran con la trata de personas. Hay un dato de este mismo año que llama la atención: entre los asiáticos que llegaron y los que salieron hubo 467 egresos por encima de los ingresos, lo que significa que la tendencia a radicarse en la Argentina se está revirtiendo.

- Los colombianos pasaron de presentar 500 radicaciones por año, a 5500 en 2008, record histórico absoluto. En Migraciones hay una nítida percepción de que la cantidad aumenta en forma notoria. La lógica indica que se trata de personas que se refugian frente a la situación que se vive en Colombia. El dato que mejor ilustra este cuadro es que la cantidad de colombianos que piden la radicación aumentó 203 por ciento, comparado con toda la década, el máximo aumento de porcentaje registrado entre todas las nacionalidades.

- Llama la atención el dato de que la cantidad de norteamericanos que pidieron su radicación trepó al doble en los últimos años. No se trata obviamente de un fenómeno masivo, pero en 2008 pidieron quedarse en el país 4173 oriundos del país del Norte, también un record histórico. En el consulado de Estados Unidos en Buenos Aires resolvieron estudiar el fenómeno.

- En las calles parece haber una proporción alta de senegaleses. Las cifras desmienten esa impresión. Apenas llegaron unos 350 en 2008, aunque en Migraciones sospechan que existe algún tipo de organización que los trae para sumarlos a la venta de artesanías.

- Hubo un momento, a principio de la década, en que fue notoria la presencia de ucranianos. En 2000 y 2001, por ejemplo, iniciaron procesos de radicación casi 5000 personas originarias de Ucrania. Ahora esa oleada terminó: apenas llegaron 180 en 2008.

- Teniendo en cuenta que son países vecinos, no hay corrientes fuertes de inmigración desde Uruguay, Brasil o Chile.

Más allá de estas cifras, lo que está claro para las autoridades de Migraciones es que la Argentina sigue siendo un país de recepción. En el total de los que salen y entran del país en un año, aproximadamente son un tres por ciento más los ingresos que los egresos.

“La decisión de regularizar la situación de los inmigrantes fue esencialmente política –explica Martín Arias Duval, director nacional de Migraciones, que depende del ministro del Interior, Florencio Randazzo–. Si la apuesta en el Mercosur es a formar un bloque en serio, como la Comunidad Europea, es fundamental que todo ciudadano pueda vivir en cualquiera de los países integrantes del bloque. Esto se estaba demorando por trabas en algunos países del Mercosur, pero el gobierno nacional decidió avanzar igual. Además, el objetivo fue sacar a la gente de la clandestinidad, evitar que sean víctimas de los traficantes de personas, del trabajo esclavo y del enorme temor a que se los expulse y los manden de regreso a situaciones difíciles por las que, justamente, dejaron su país y vinieron a la Argentina. En toda la política migratoria, además, tienen un lugar primordial los derechos humanos.”

Respecto de las objeciones que usualmente se ponen a los inmigrantes, desde el Gobierno se señalan elementos objetivos:

- En todo el proceso de regularización, siguió bajando el desempleo en el país, es decir que la supuesta competencia por los puestos de trabajo no cambió para nada la tendencia. “Hemos visto, por ejemplo, en La Rioja, publicaciones en los diarios sobre la necesidad de personas que vengan a levantar la cosecha de aceitunas. Lo mismo pasa con el ajo, la cebolla y un montón de otros cultivos. Hay aportes fundamentales de inmigrantes en la construcción y así podríamos seguir enumerando”, señala Arias Duval.

- “Hemos estudiado también la cuestión de la criminalidad y de ninguna manera los inmigrantes influyen en los índices existentes en el país”, completa el titular de Migraciones.

- A raíz del programa Patria Grande, que permitió regularizar la situación de quienes vienen del Mercosur ampliado, es decir los cuatro países del bloque y los que adhirieron, se hizo una encuesta entre todos los que pidieron la radicación. La inmensa mayoría son jóvenes, con buena instrucción y capacitación. Sólo el 17 por ciento registra estudios primarios incompletos, un porcentaje que se parece bastante a quienes, del total, trabajan en el servicio doméstico: 23 por ciento.

- Tampoco es cierto el estereotipo de que los inmigrantes viven en villas: únicamente el seis por ciento vive en ranchos o casillas. El resto, en casas.

A diferencia de lo que ocurre en países europeos, en la Argentina no existe el concepto de “procedimiento para cazar inmigrantes ilegales”. En las últimas semanas, por ejemplo, se hicieron inspecciones en los llamados supermercados chinos. En los que se detectaron a personas sin documentación en regla, se sancionó a los dueños, pero hubo asesoramiento y ayuda para que los indocumentados regularicen su situación. “Por supuesto que sigue habiendo extranjeros que se mantienen en la clandestinidad –señala Arias Duval–. Es por falta de información y, sobre todo, porque existen organizaciones que los atemorizan. Les dicen que si van a Migraciones serán encarcelados y expulsados. En todo 2008 iniciamos ante la Justicia apenas 120 trámites de expulsión, fundamentalmente por antecedentes en materia de venta de drogas. De esos 120 trámites judiciales, los jueces les dijeron que sí a 40 y están en proceso. Y esa fue la totalidad de los fallos judiciales de expulsión de 2008. Sí es cierto que todos los días rechazamos personas en las fronteras. Eso es esencialmente porque vienen con documentos falsos o porque registran antecedentes penales. Por último, hay que advertir contra los que atormentan a los extranjeros que están en situación ilegal con la idea de que se necesita mucho dinero para hacer el trámite. La realidad es que la radicación se hace por 200 pesos y no necesita de intermediarios. Ese es otro de los elementos que juegan a favor: el haber blanqueado a tantos extranjeros que vivían en la clandestinidad jugó en contra de la corrupción. Antes, todo se les hacía difícil, y entonces aparecían los que a cambio de dinero conseguían la radicación. Eso se terminó.”

Uno de los grandes interrogantes es cómo jugará la crisis global en las corrientes migratorias desde y hacia la Argentina. La impresión es que las personas tienden a arriesgar poco en situaciones como la actual y no hay grandes movimientos porque no existe certeza de que el lugar al que se pretende ir está mejor que el país en el que uno nació. Los primeros datos de enero no muestran cambios de tendencia significativos en la Argentina. Por lo menos hasta ahora.Tabla




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