La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se prepara a anunciar hoy la reducción en un tercio de su actual contingente en Kosovo, la ex provincia de Serbia, pero con el expediente abierto de las violaciones a los derechos humanos.
El regreso a casa de cinco mil de los 15 mil soldados en Kosovo será adoptado en Bruselas durante la reunión de ministros de Defensa de la Alianza Atlántica, pero al menos mil 900 familias kosovares y serbias siguen sin tener noticia de sus familiares.
En vísperas de la decisión, Amnistia Internacional a través de Sian Jones, experto en los Balcanes, dijo que “en los últimos 10 años, las autoridades de Serbia y Kosovo no han tomado ninguna medida para abordar el legado de los crímenes de guerra cometidos en Kosovo en 1999″.
El 10 de junio de 1999 terminó tras tres meses el bombardeo de la OTAN contra posiciones del ejército de la desaparecida Yugoslavia, presidida por Slobodan Milosevic, que trataban de impedir el exterminio de los albanokosovares.
El conflicto generó un importante flujo de refugiados, además de violaciones a los derechos humanos, en particular de la población kosovar por parte del ejército yugoslavo dominado por los serbios.
En ese marco, Jones añadió que “la OTAN fracasó rotundamente en uno de sus principales objetivos en Kosovo: asegurar el retorno de los refugiados”, de acuerdo a un reporte de la Deutsche Welle.
Añadió que “en esa medida, no nos disgusta mucho que algunas tropas de la OTAN abandonen la región. Su papel era más bien decorativo”.
La Alianza Atlántica inició el 24 de marzo de 1999 la “Operación Fuerza Aliada”, después de que Rusia y China, aliados de Yugoslvia, bloquearon las medidas de Naciones Unidas para forzar la finalización del conflicto.
El conflicto entre los kosovares y los serbios yugoslavos forzó a la migración de unas 850 mil personas, de las cuales unas 650 mil han regresado pero otras 200 mil, incluidos serbios y gitanos, siguen con estatus de refugiados.
Kosovo, que estuvo bajo administración de Naciones Unidas y protección de la OTAN casi una década, declaró su independencia en febrero de 2008 con el apoyo de varias naciones occidentales y el rechazo de Rusia y Serbia, heredera de los intereses de la desaparecida Yugoslavia.
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